Abriendo la puerta...

"Si no tenemos paz dentro de nosotros, de nada sirve buscarla fuera"

Francoise de la Rochefoucauld


sábado, 23 de septiembre de 2017

¿CUÁNTO TE DUELEN LAS CRÍTICAS?



Si eres de los que te molestan las críticas hasta hacerte sentir ira, te pediría que reflexionásemos sobre qué valor dar a lo que los demás opinen de nosotros o de lo que hacemos.



Los que valoran nuestra persona, lo que hacemos, lo que llevamos, aquello que decidimos y lo hacen para ir contra lo que consideramos correcto para nosotros, solamente están emitiendo una opinión; muy subjetiva, muy personal y absolutamente intransferible.

Posiblemente, temamos la influencia que puedan operar en los demás. Y con ello, volvemos a repetir el erróneo procedimiento de dar más valor al resto que a lo propio.

Tener seguridad en uno mismo equivale a no temer a las opiniones ajenas; eso sí, respetarlas y dejarlas ir. 

Ciertamente, si la crítica nos llega de una persona cercana e íntima puede ser que cale más hondo pero incluso en este caso hay que someterla a la duda y a los tres filtros que nos permitirán abrazar la libertad de acción y pensamiento.

1º.- ¿Puedo encontrar algo de razón en lo que se me ha juzgado?

2º Si es así, ¿acaso esa opinión parte de la vivencia de unas circunstancias como las mías?

3º Aún siendo idénticas, ¿me doy cuenta de que soy un ser único con voluntad propia y motivaciones personalísimas?

Indefectiblemente, uno debe aprender por sí mismo. Mo valen lecciones ajenas. No valen muestras como ejemplos. Nada nos dice que ante lo mismo otro actuase diferente. Ni siquiera, a veces, nos enseña la propia realidad porque caemos una y otra vez en lo mismo hasta que aprendemos lo suficiente.

          Por eso, bastante nos cuesta nuestro propio aprendizaje como para dejar que se tambalee con las opiniones ajenas.

Nuestros logros y nuestros errores son nuestros y con mucha dificultad la mayoría de las veces.

No te distraigas de tu camino. No escuches más de lo que debes. No hagas caso a todo,  o a casi nada. 

Sigue adelante. 

A lo tuyo.

 Es tu destino.

 A ti te toca transitarlo.

martes, 19 de septiembre de 2017

EL PRÍNCIPE DE LA VERDAD: LAS 7 REGLAS DE PARACELSO



Lo leo todas las noches antes de dormir. Lo comparto con vosotros. 

Espero que os guste como a mi.




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Sabias palabras del siglo XV, perfectamente aplicables al mundo del siglo XXI:

1. Lo primero es mejorar la salud

Decía que para ello hay que respirar profunda y rítmicamente al aire libre, llenando bien el abdomen. Beber diariamente en pequeños sorbos, dos litros de agua, comer muchas frutas, masticar los alimentos del modo más completo posible, evitar el alcohol, el tabaco y la automedicación, así como bañarse diariamente.

2. Desterrar absolutamente del estado de ánimo, por más motivos que existan, toda idea de pesimismo, rencor, odio, tedio, tristeza, venganza y de pobreza.

O sea, para ello debe huirse, como de la peste, de toda ocasión de tratar a personas maldicientes, viciosas, ruines, murmuradoras, indolentes, chismosas, vanidosas, vulgares, o que la base de sus ocupaciones y conversaciones sean tópicos no éticos ni morales. Esta regla es de importancia decisiva, por cuanto se trata de cambiar la contextura espiritual del alma. La suerte no existe y el destino depende de los propios actos y pensamientos.

3. Hacer todo el bien posible

Esto es, auxiliar a todo desgraciado siempre que se pueda, pero jamás tener debilidades por ninguna persona. Cuidar las propias energías y huir de todo sentimentalismo hueco.

4. Olvidar toda ofensa, más aún: esforzarse por pensar bien siempre

Por ejemplo, todos los grandes seres se han dejado guiar por esa suave voz interior. Hay que destruir todas las capas superpuestas de viejos hábitos, pensamientos y errores que enmascaran la profunda esencia del ser, que es perfecta.

5. Recogerse todos los dias, por lo menos media hora, en donde nadie pueda perturbar

Explica que eso fortifica enérgicamente el cerebro y pone en contacto con las buenas energías. En ese estado de recogimiento y silencio, suelen surgir a veces ideas luminosas, que con el tiempo uno se llega a percatar que fueron un elemento fundamental para la solución de problemas. Y es que ellas brotan de esa dimensión profunda y honda del ser humano a la que Sócrates llamaba daimon.

6. Guardar silencio de todos los asuntos personales

O sea, abstenerse, como si se hubiese hecho un juramento solemne, de referir a los demás, todo cuanto se piense, se oiga o se descubra, hasta tanto se verifique, compruebe o se tenga la completa certidumbre.

7. Jamás temer a los seres humanos, ni que inspire sobresalto la palabra “mañana”

Decía Paracelso, que cuando el alma está fuerte y limpia, todo sale bien. Jamás creerse solo, ni débil. El único enemigo a quien se debe temer es a uno mismo. El miedo y la desconfianza en el futuro son madres funestas de todos los fracasos, atraen las malas energías y con ellas el desastre. Si se estudia atentamente a las personas triunfadoras, se verá que intuitivamente observan gran parte de las reglas que anteceden. Por otro lado, la riqueza no es sinónimo de dicha.

domingo, 17 de septiembre de 2017

LOS TIEMPOS DE CADA UNO



La historia de nuestra vida está compuesta por “tiempos”, por ciclos, por etapas que van tejiendo nuestro mundo.

En realidad, las cosas suceden cuando deben suceder. Ni antes, ni después, aunque a veces tengamos la percepción, la decepción de creer que todo pudo ser mejor si hubiese sucedido antes o incluso, si no hubiese sucedido.



En una conversación con una amiga, se quejaba de ir haciéndose mayor. De no encontrar la pareja que necesitaba y de tener la sensación de que el tiempo caminaba muy deprisa en contra de lo que le gustaría.

Los tiempos de cada uno no saben de edades, le dije. Nuestra cronología biográfica nada tiene que ver con las sorpresas del destino. Y de nada sirve las creencias estereotipadas de ser alto, bajo, grueso, delgado o las mil y una imperfecciones que nos veamos porque si tiene que llegar lo que ha de engrandecer nuestra felicidad, llegará.

No vale buscar. Así no encontramos. Ha de llegar. 

Espontáneamente, de forma casual, sin darnos cuenta de que estamos entrando en “nuestro momento”; sin hacer ruido en un principio.

La vida es caprichosa, a veces. Te olvida, te arrincona, parece que no existes o al menos que nadie se da cuenta de que estás presente. Otras, te sacude, te retuerce y te impulsa a seguir entre dificultades y temores que nunca creíste poder superar.

Lo mejor es que también contiene una balanza y en ella se nos reservan “tiempos” nuestros en los que se nos compensará la parte de la felicidad que se quedó atrás.

Que el tiempo no te pese si no estás en tu mejor momento; eso indica que en realidad se están preparando otros mejores, los que tienen que compensar éstos.

Abrázate a ti mismo, mímate, mantén la esperanza de que llegue lo que es para ti. 

Y mientras tanto, sueña. Nadie puede quitarnos la capacidad de imaginar, de recrear y de visualizar lo que deseamos.

Hemos perdido ese entrenamiento; lo perdimos con la infancia, lo dejamos allí.

Siempre es el momento perfecto para empezar dónde estés.

Decídelo. 

Hazlo.

jueves, 14 de septiembre de 2017

NOS COMPLICAMOS LA VIDA



Crecer significa complicarse. Lo creo sin duda. La vida de niño es muy sencilla y no porque en ella se nos  resuelvan las necesidades básicas; nosotros, en general, también las tenemos cubiertas ahora, sino porque en la infancia los ojos que miran la existencia son simples y no elucubran nada más allá de lo que ven.




Sin embargo, es cierto que los niños están llenos de fantasía, pero no de paranoias. En todo ven posibilidades y no dificultades. Se divierten con nada y de cualquier cosa pueden hacer otra muy distinta que les llene el solo momento que consideran, que es el presente.

Ir creciendo es ir abrazando temores, miedos e inseguridades. Los niños no temen a no ser que ya hayan sufrido el mal sobre sí mismos. No “imaginan” el dolor e incluso si lo sufren, vuelven a confiar en sus posibilidades y a remotar sus debilidades.

Solamente si alguien, alguna persona de valor o con autoridad para ellos, ridiculiza sus actuaciones, es cuando se les inyecta el virus de la duda y por tanto construyen su personalidad a imagen y semejanza de lo que se les reprime.

Cuando vamos creciendo, ese presente continuo que se vive en la infancia se convierte en futuro temeroso o en pasado denso. Es como si nuestra biografía pesase sobre nuestras espaldas.

Los niños se reinventan continuamente. Se caen y se levantan. Terminan y vuelven a empezar. Destruyen y construyen sobre lo derruido. Esa es la actitud. 

Podíamos fijarnos en ellos, en el comienzo de la vida cuando aún no hemos aprendido a sentirnos mal. Podíamos repasar su forma de comenzar el día, su dinamismo, su alegría y sus tristezas también; siempre cortas y pasajeras.

Crecer debería significar aprender más, saber hacerlo mejor, conseguir seguridad, estimarnos en nuestras virtudes y practicar la felicidad. Pero para eso habría que desaprender todo lo que vamos acumulando y que toxifica nuestra estima en vez de aumentarla.

Hay que volver a ser niños. A emocionarnos con lo sencillo, A pretender lo simple. A conformarnos con el instante y a saber levantarnos como si la herida de la rodilla que acabáramos de hacernos, no doliese más allá del orgullo de ser y parecer fuertes.

Me siento niña muchas veces y me encanta ser así. Lo único que me gustaría es practicar la niñez más tiempo al día. 

Sin duda sería mucho más feliz.